Desafío Trek Subaru a Valle Nevado: Reto físico y mental

Desafío Trek Subaru a Valle Nevado: Reto físico y mental
enero 19 15:05 2017

Por Lula

En noviembre 2016 tenía ganas de inscribirme en el Desafío Trek Subaru, que estaba calendarizado para el domingo 27 noviembre.  Concursé en la web de Garmin Chile para ganar una inscripción a la carrera y tuve la suerte de haber salido ganadora.  (Para todos aquellos que nunca han creído en los concursos de Facebook que funcionan mediante el típico “Dale me gusta y comparte”, debo decirles que sí funciona, y que yo era una incrédula de todo este tipo de concursos, obviamente, hoy ya no lo soy).

El 17 de noviembre, a 10 días de la competencia luego de haberme enterado de que gané el premio, me inscribí en la categoría 45k,  distancia que escogí por algo más bien impulsivo, como dirían algunos, por “tinkada”… mientras que pensaba: “Me agrandé en inscribirme a los 45k a Valle”.   Pensaba así, porque hacía más de dos años que no subía en bici a Valle Nevado, y sin embargo, experimentaba una extraña confianza-atracción ante la idea de correr los 45 kilómetros desde el Mall Sport hasta la meta…  Me fui autoconvenciendo con el pensamiento de que: “si no la hago ahora, quien sabe si el otro año podré hacerla, y ahora es la oportunidad que tengo”.  También fue una manera de ponerme a prueba; noto que los ciclistas muchas veces buscamos eso: ponernos desafíos en los que nos exigimos y entregamos todo lo que podemos; y pareciera que, en alguna medida, eso nos remece, nos hace sentir vivos, confrontándonos finalmente con nosotros mismos.

Me asustas pero me gustas

Lo anterior se resume en lo siguiente: has escuchado el corito de una canción que dice: ¡“Me asustas pero me gustas”!  Bueno, exactamente a eso me refiero: a esa suerte de atracción y encanto que se experimenta ante la idea de enfrentar una nueva aventura ciclística, una nueva bajada, una nueva carrera o desafío, pero ésa es la sensación; y que tiene que ver además con aprendizajes históricos situados en nuestro registro interno; en el que las hormonas (endorfinas, adrenalina, noradrenalina, entre otras y dependiendo de la actividad), que se activan en estas experiencias, generan una grata sensación que inconscientemente buscamos reeditar.  No me quiero ir para otro lado, así que volviendo a la carrera: me hice la idea de que tenía que llegar, que si ya me había inscrito, “lo hecho, hecho estaba”, por lo tanto mi objetivo sería llegar a Valle nevado a como de lugar!

El día de la carrera

Llegó el día y estaba pronosticada agua nieve a las 14 horas en Valle Nevado, lo que significaba que había un alto grado de probabilidad de que tocara pavimento resbaladizo en la bajada de regreso a Santiago.  No me tenía Fé en cuanto a los tiempos, por lo que si la carrera partía en el Mall Sport a las 8:00 am, pensé que llegaría a la meta en Valle Nevado cerca de las 13:00 hrs.  Mi pololo me apoyó y me fue a esperar a Valle Nevado para bajarme en auto por la posibilidad de nieve; eso significó que a las 6:30 am estaba afuera del Mall sport, con frío, mientras que poco a poco fueron llegando ciclistas.  Tenía tanto frío-nervios, que fui como tres veces al baño a unas casetitas que habían al costado, en una no quería salir de ahí porque sentía menos frío estando en el baño químico que en la calle.  No voy a profundizar en el subject  “ida al baño pre carrera” jajaja, pero según mi experiencia es un ítem de conversación relevante entre los ciclista antes de competir, dado que puede interferir de modo significativo en lo disfrutable o detestable que puede ser tu experiencia en carrera.

La largada

Gracias al competidor que estaba al lado mío previo a la largada, faltando sólo 10 minutos tuve que ir urgentemente al baño, sin tener a quien dejarle mi bici, no vislumbraba ningún rostro conocido en los ciclistas a mi alrededor, y confiando en el competidor a quien tenía al lado (Si me lees mil gracias cabro me salvaste!), le pedí que se quedara con mi bici (Rutera que había comprado hace 8 días nuevita de paquete); salí apurada intentando pasar entre el mínimo espacio que hay entre ciclistas-bicis, “en el nombre de una necesidad vital”.  Todo bien hasta la largada, llegué a tiempo y partió la carrera.  Partí con el cuerpo frío, piernas congeladas  y sensación de pesadez y lentitud, sentía que todos me adelantaban y que por más que lo intentara, no podía ir más rápido… ¿Les ha pasado al inicio de una carrera? ¡A mí varias veces!, y al parecer es bastante común (más si estabas tiritando antes de largar).  Comencé a concentrarme en llevar mi ritmo sin importar que me fuese quedando atrás, hoy pienso que eso me favoreció.  Decidí ir con cautela, en términos simples: “guardarme” hasta Farellones, porque temía que pasando Farellones se me acabaran las fuerzas.

Los gritos de aliento

Pedaleando en las curvas hacia Farellones pasaron los líderes de los 33 kilómetros que habían largado, comencé a gritarles y a darles ánimo.  Seguí subiendo y comenzaron a pasarme más corredores de los 33 kms… me empecé a preocupar por si estaría subiendo muy lento ya que veía pasar tantos corredores de esa categoría que largó después que la mía.  Entre estos fueron pasando algunos amigos que corrieron los 33 k, y me adelantaron dando ánimo.  Fue rico escuchar Vamos Lula! Dale Lulein! Es como encontrar a un ser querido en una multitud.

Poco antes de llegar a Farellones habían unos chicos de la organización que te pasaban unas esponjas con agua, yo de curiosa (y de piti), no veía de lejos qué eran, así que bajé el ritmo y recibí una, eran esponjas con agua, supuestamente para refrescarse, pero el día estaba nublado, había viento helado en esa altura, y yo huasamente pensé que era pa´ tomarse el agüita impregnada en la esponja,  jajaja así que eso intenté hacer, lo que fue nefasto, mejor estaba el agua de mi botella.

Ya en Farellones

Pasando el cruce a Farellones se “desgranaba el choclo”, mejor dicho, se dispersaba el pelotón de ciclistas y éramos pocos los que seguíamos subiendo.  Entonces me dije: “Aquí tengo que darlo todo”, y comencé progresivamente a subir mi ritmo, lento, pero comencé a fijarme metas en cuanto a la cadencia que llevaba, intentando concentrarme en eso y no en las sensaciones de cansancio.  Subiendo a Valle Nevado un ciclista que iba a unos metros adelante mío comenzó a bajar el ritmo y paró, empecé a animarlo, a decirle “Vamos! ¡Vamos queda poco, ya llegaste! ¡No te queda nada!” –“Qué si estoy raja” me respondió, y de lejos le grité “¡Te queda nadaaa!”  Lo vi tomar un sorbo de su caramagiola, subirse a la bici y continuar, eso me alegró, me sentí contenta de poder animar a alguien que iba en el camino y me conecté con lo bien que eso me hacía sentir el poder apoyar a otro.  Me puse a pensar en todas las veces que suelo hacer eso en carreras y en cómo al empatizar genuinamente con otro que está sintiéndose igual o más exigido que uno y al hacerle barra, emerge una emoción positiva también; lo que se traduce en el hecho de que al animar a otro, también hay una parte en uno que se anima y se recarga de energía.

Fortaleza mental

En este punto la fortaleza mental es una tremenda herramienta que hace la diferencia entre un corredor que sigue y otro que se mantiene a ritmo, aunque ambos estén entrenados.  Los pensamientos y el conectarse con el hecho de que “se puede” o “no me la puedo” hacen una diferencia significativa en el desenlace de tu performance cuando el tramo se vuelve más desafiante.

A 7 kms de la meta me sorprendí de ir viendo a otros corredores a los costados que paraban y se sentaban en la carretera, otro hablaba por celular sentado en una roca y su bici indemne a un costado, más adelante había un tipo tirado en el centro de la pista agarrándose una pierna lo que me asustó inicialmente, ya que pensé que lo habían atropellado o algo así.  Al pasar por su lado le pregunté y me dijo que estaba acalambrado pero que se le estaba pasando, le dije que no sabía qué hacer para ayudarlo y al rato se subió a la bici y siguió.  Me sentí tranquila de captar mis sensaciones corporales y de ver que más allá del cansancio, estaba resistiendo bien.  Llegué a la meta sin tener idea de mi lugar ni tiempo, pero feliz de haber enfrentado la carrera de buena forma sin contratiempos, de haber podido cumplir mi propósito: Llegar a la meta.

La sorpresa

Más tarde me enteré de mi tiempo por la web: 3 horas y 28 minutos, lo que me dejó felizmente sorprendida, en el Segundo lugar en la categoría, y lo más importante, con un sentimiento de logro y gratificante, al haber seguido mi intuición al inscribirme en esa distancia, y que luego de haber tomado el riesgo los resultados hayan sido positivos, porque no siempre las cosas son así.Reto físico y mental

María de la Luz Mesa Manterola

Alias: “Lula “

Sureña de corazón

Ciclista por pasión

Psicóloga de profesión

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