Tinder Bike

Tinder Bike
mayo 04 09:38 2017

El día que bajé la aplicación Tinder a mi móvil descubrí tres cosas importantes. La primera es que me va bien con las señoras de mi edad. ¡Buena toro!

La segunda es que por lo mismo tengo que eliminar inmediatamente Tinder porque soy casado, enamorado y mi mujer no creería la explicación de que porque trabajo en publicidad, es mi obligación conocer de cerca estas nuevas tendencias de la tecnología. Y por último y la más peluda, es que si estás comprometido y eres chicha fresca, es fácil serle infiel al amor de tu vida.

¿Pero qué tiene que ver Tinder con la bicicleta?

¡Todo!

Los que andamos en bicicleta, amamos la bicicleta.

Llegar a enamorarse de una bicicleta pasa por muchos procesos de enamoramiento similares a los que hemos pasado con nuestras parejas.

Expliquemos el Tinder Bike, entonces.

Como en toda búsqueda de pareja, partimos mirando para el lado (vitrineando como se dice). En los cerros, en las calles, en la web, en la tiendas de Padre Hurtado, en la tienda local del barrio. Incluso muchas veces deseamos disimuladamente la del amigo.

Independiente de las características técnicas de la bicicleta y del tema económico, la cosa siempre pasa por pura calentura. ¡No nos engañemos hombres y mujeres del MTB!. Nos calentamos con una y nos obsesionamos con ella: que la forma del cuadro, que el color, que es suavecita y que es perfecta para mi.

Una vez que la compramos, la miramos cada 5 minutos con ojitos de amor. Cuando llegamos a la casa después del trabajo la saludamos primero a ella y después a la familia. La llevamos al cerro con delicadeza. “Dios mío, que el portabicileta no le haga daño en el traslado y menos una caída”. La lavamos con amor y le refregamos cepillos por todas partes como “masajeándola”. Del tema de la lubricación me puedo extender para largo, pero sería de mal gusto.

Y así, cada salida con ella es maravillosa. Junto a esta preciosura descubrimos nuevos lugares, somos testigos de hermosas puestas de sol, y hasta tenemos aventuras románticas en la noche con nuestras luces.

Tus amigos la miran con envidia. La tocan y hasta se atreven a subirse en ella. Somos felices, enormemente dichosos y plenos hasta que sucede lo inevitable en esta relación de amor.

Primero, como ha pasado tiempo se puso fea. Con tanto traslado, carrera, paseo y trajín, se rayó, se abolló y ya no es la misma. Ya no la vemos como antes. Cuando la lavamos lo hacemos casi por pena de verla tan llena de polvo y barro acumulado de días.

Dos. Se puso vieja. Si hoy andas en una MTB 3 x 10, estás saliendo con una vieja. Hoy es uno 1×11 o Sram Eagle, con torta de 49, cadena dorada, horquilla invertida y Absolut Black. ¡Esas si que son ricas e inteligentes!

Tres. “No eres tú, soy yo”. Esta es una buena razón para abandonarla, porque significa que hubo una evolución en el rider y hoy está buscando nuevas aventuras en la vida. Dejó la rígida porque ahora le gusta el Trail o el Enduro. Se puso exigente, y ahora quiero probar sensaciones más fuertes como el XCO o el CX.

En definitiva se acabó el amor.

Y como ya tenemos todas las excusas para cambiar de bici, empieza de nuevo el Tinder Bike. Que esta si y esta no. Algunas veces hay coincidencias, pero no sabemos si ella será el amor para toda la vida. Miramos de reojo la del amigo nuevamente. Nos metemos de noche a la cama a mirar esos sitios web tipo Jenson USA, mirando y mirando mientras afuera, en el patio y casi en el suelo, descansa fatigada tu bicicleta que hoy tanto odias.

Y como el cupido de la bici anda dando vueltas, el amor regresa a nuestras vidas; con otra bici.

Otra vez escuchamos piar a los pajaritos en la pradera. El sol brilla nuevamente sobre el cerro, los paseos son toda una aventura y somos felices nuevamente… hasta que nuevamente se acaba el amor. También se puso fea, vieja y ya no tiene nada en común contigo.

Volvemos al Tinder Bike otra vez, y otra vez y otra vez. Adictos a la infidelidad que nos obliga a mirar siempre para el lado.

Confieso que tengo una bici desde hace 4 años y la encuentro fea, vieja y no tiene nada que ver conmigo, pero cuando la llevo al cerro, aún me entrega placer como en sus inicios. Quizás nos estemos dejando llevar mucho por las tendencias de las modas de este deporte o peor aún, pretendemos ser pretenciosos con nuestros amigos exhibiendo nuestra nueva conquista.

La cosa es que con o sin plata en el bolsillo para poder cambiar la bicicleta, recordemos que la esencia del MTB es disfrutar la naturaleza, compartir con los amigos y tener una vida saludable y duradera a través de este bello deporte.

PD: ¿Alguien me presta unas lucas para cambiar la porquería de bici que tengo en el patio?

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Acerca del Autor

Carlos González
Carlos González

Publicista Profesional con conocimientos en marketing y con carrera dedicada a la creatividad publicitaria. Amante del mountainbike y de la familia.

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